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La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha puesto de nuevo el foco sobre España en materia de jornada laboral y retribución de las horas extraordinarias. Sus expertos, en un reciente informe, plantean cambios significativos que, de hacerse efectivos, impactarían de lleno en la organización de las empresas y en los costes laborales.

Aunque las recomendaciones de la OIT no son de obligado cumplimiento, conviene analizarlas con detalle porque marcan la tendencia de hacia dónde podría dirigirse la normativa laboral española en los próximos años.

  1. La reducción de la jornada máxima diaria a 8 horas

El Estatuto de los Trabajadores, en su artículo 34, establece que la duración máxima de la jornada ordinaria es de 9 horas diarias. Esta regla admite ciertas modulaciones mediante convenios colectivos, distribución irregular de jornada o en sectores con especialidades propias (transportes, sanidad, etc.), siempre garantizando 12 horas de descanso mínimo entre jornadas.

La OIT propone rebajar este límite a 8 horas diarias, lo que supondría:

  • Reestructurar turnos en sectores donde la jornada de 9 horas es habitual (hostelería, comercio, logística).
  • Reducir la flexibilidad actual, obligando a una mayor planificación y posiblemente a un aumento de contratación.
  • Conectar con el anunciado objetivo gubernamental de jornada máxima de 37,5 horas semanales, aunque dicha medida todavía se encuentra pendiente de aprobación.
  1. El encarecimiento de las horas extraordinarias

El artículo 35 del Estatuto de los Trabajadores regula las horas extraordinarias, estableciendo que:

  • Su retribución no puede ser inferior a la hora ordinaria.
  • Alternativamente pueden compensarse con descanso retribuido equivalente.
  • No pueden superarse 80 horas extraordinarias al año, salvo supuestos de fuerza mayor.

La OIT reclama un incremento del 125% en el valor actual de la hora extra, lo que en la práctica significaría:

  • Una hora ordinaria de 10 € → pasaría a retribuirse en 22,50 € si es extraordinaria.
  • Mayor presión sobre sectores que recurren con frecuencia a prolongaciones de jornada.
  • Un incentivo a contratar más personal en lugar de sostener horas extra de manera estructural.

Además, se apunta de nuevo a un problema histórico en España: El fraude en las horas extraordinarias, con muchas no declaradas o pagadas en “B”. La reforma endurecería los controles de la Inspección de Trabajo, apoyándose en el registro diario de jornada, obligatorio desde 2019.

  1. Un escenario de costes laborales al alza

De aplicarse estas medidas, los efectos principales para empresas y autónomos empleadores serían:

  • Incremento directo de los costes salariales, especialmente en picos de trabajo cubiertos con prolongaciones de jornada.
  • Necesidad de reorganizar la jornada, reduciendo turnos de 9 horas a 8.
  • Mayor riesgo sancionador en caso de incumplimiento de los límites legales o del fraude en el pago de horas extra.
  1. ¿Qué deben hacer las empresas ahora?

Aunque la propuesta de la OIT no es vinculante, es una señal clara de la dirección que podrían tomar futuras reformas laborales en España. Desde nuestro despacho recomendamos a empresas y autónomos:

  1. Reforzar el control del registro horario, para acreditar el cumplimiento de jornada y descansos.
  2. Evitar abusar de las horas extraordinarias, explorando alternativas como la distribución irregular de jornada prevista en convenio.
  3. Valorar contratos a tiempo parcial o eventual, que pueden resultar más eficientes que acumular horas extra costosas.
  4. Anticipar escenarios de cambio normativo, adaptando ya los turnos a 8 horas cuando sea posible para no tener que realizar ajustes bruscos en el futuro.
  1. A tener en cuenta:

La OIT plantea un horizonte laboral en el que la jornada máxima diaria se limite a 8 horas y las horas extraordinarias tengan un coste notablemente superior. Aunque estas propuestas aún no forman parte de nuestra legislación, conviene que las empresas españolas estén preparadas.

En un contexto en el que la Inspección de Trabajo intensifica su vigilancia y el debate sobre la reducción de jornada a 37,5 horas semanales sigue sobre la mesa, la planificación de la jornada laboral se convierte en un factor estratégico para la competitividad empresarial.

 

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